Maria Teresa Aláez García

En doce minutos

Estoy buscando Polar Etoile de Philip Glass. Me gusta todo el minimalismo. Aunque en mi forma de escribir aún soy rebuscada y barroca, imagino que toda esta respuesta desorbitada obedece a alguna fase de algún tipo de madurez de algo en mi cerebro. Muchos aspectos de nosotros van madurando con la edad y algunos nunca llegan a su cénit.  A lo único que me conduce todo esto es a tener un estado de confusión constante en mi cerebro y necesito un orden aunque sea dentro del caos. Quizás por eso me atrae todo lo carente de adornos, cuantos menos mejor. La profusión de adornos responde a una sobreestimulación y lleva igualmente a un hervidero mental de información. De todos modos siempre me ha gustado más lo sencillo aunque colocaba cada cosa en su sitio: para las fiestas adornos y profusión, para diario sencillez. Sí, fui a fiestas hasta hartarme de ellas, de su glamour y de su boato, esplendor y falsedad. Pocas son las que se salvan de esa criba. Tanta fastuosidad para llenar las páginas de las revistas del corazón me marea. Claro, hay que entender que todo el mundo tiene derecho a la vida y eso da a mucha gente humilde de comer pero siempre acaban ganando los mismos de siempre a costa de los mismos de siempre.

Estuve leyendo sobre el planeta Mercurio el otro día. El planeta de hierro porque tiene un elevado contenido de este metal en su composición. A la vez que roza las temperaturas límite siendo un planeta que está al lado del sol prácticamente, y su superficie está jalonada por enormes fallas. Hasta el dos mil once no se volverán a tener datos más o menos fiables sobre él. Eso me dio pie a especular porque eso hacemos todos, especulamos hasta que  podemos tener una certeza de las cosas. ¿Y si hace millones de años hubo otra humanidad en ese planeta que tuvo que emigrar hacia el nuestro porque el sol fue creciendo y acabando paulatinamente con las condiciones de vida? Al igual que en Mercurio, en Venus. A saber. Lo mismo pudo haber ocurrido en Marte. Aunque midamos, ajustemos, formulemos teorías, en torno a lo que pudo haber ocurrido antes y lo que ocurrirá después, la respuesta siempre la tendremos ante nuestros ojos y nunca nos daremos cuenta. En cuanto a la evolución histórica del hombre no hay más que ver las tribus africanas y nuestra influencia sobre ellos. Y en cuanto a otras cosas, tenemos siempre la naturaleza como la nuestra y la imitación como método de aprendizaje. Tras esto, combinaciones, variaciones, permutaciones sin parar. Para ir y volver siempre a lo mismo. Lo lamentable es que nunca aprendemos para corregir los errores del pasado y es más: incluso los volvemos a reproducir no vaya a ser que nos perdamos algo por no experimentar aquello. Así se producen acontecimientos bochornosos y tristes en muchas ocasiones.

En cuanto al orden, no significa exactamente clasismo. El orden puede estar todo al mismo nivel y solamente haber variaciones en cuanto al comportamiento, al uso y abuso, a las condiciones. Pero nadie es mejor o peor por estar en tal o cual grupo humano o vivir en tal o cual país. Otra cosa es saber para qué somos mejores o peores y el modo de hacer la cosas para conseguir cualquier propósito. Nuestra intención es la que nos marca una clase o un nivel.

Cómo se llama a hacer esto. Especular. No. Filosofía barata, rayarse, rallarse, comerse el coco… hay una palabra que es más cruel y peor pero no la recuerdo ahora aunque la usé para hacer un título de un diario. Alude más o menos a que el pensar es síntoma de enfermedad mental y hablar de histeria. Y digo yo… ¿para qué tendremos la boca entonces? ¿Y el cerebro? Claro, cuando se dice lo que los otros no quieren oir o lo que no quieren decir o se les obliga a pensar en cosas que ni les interesa ni les atañe porque no están directamente conectadas al desarrollo de su ego…

Elucubraciones. Eso.

Elucubrar.

Bueno, cada cosa a su edad. Dicen que a la mía ya toca ir volviendo hacia atrás. Nos hacemos más sensibles. Dicen de la menopausia aunque yo creo que más o menos siempre he sido igual. Claro, a los que tengo en mi entorno les conviene que sea de un modo u otro para tenerme controlada o para tener una seguridad. A la gente no le gustan los cambios normalmente. No nos hacemos al pensamiento oriental u occidental y latino del todo pasa y nada permanece o de la vida breve y de mutación constante. Cierto es que muta dentro de un orden y pasando siempre por las mismas fases pero muta. Hay que hacerse cargo de los comienzos, de los finales, de las idas y los retornos, de los movimientos circulares y pendulares, de los cambios energéticos, de la desigualdad que no deja de ser una igualdad… según el cristal con que se mira así son las cosas.

Recuerdo haber escuchado hablar de lo subjetivo y lo objetivo de la historia. El ser humano tiene difícil lo de ser objetivo, sencillamente porque siempre lleva un bagaje en el inconsciente que le hace tomar partido. Qué difícil es analizar y qué complicado dar una opinión cierta. Nunca será la exacta, ni la más aproximada porque siempre se dará la vuelta a la cuestión.

Qué puedo alabar hoy. El hecho de atender a cosas a veces ilusorias o mínimas para no ser conscientes del todo y de la gravedad del problema

Ah si. Otro día hablaré del por qué las mujeres se vuelven gordas y malhabladas.

 

 

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Published on e-Stories.org on 25.11.2008.

 

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